el túnel
Uno nunca llega a saber muy bien porqué tenemos tendencia innata a complicarnos la vida, a hacer difíciles las cosas y a caer en túneles negros y oscuros con una periodicidad digna de un péndulo. Uno, en fin, no sabe muy bien qué día empezó a descender en picado por un túnel que se va oscureciendo más con el paso de los días. Al principio, se ve la luz allá lejos que se va alejando cada vez más. Días más tarde notas la falta de aire como una opresión en el pecho. Cuando te das cuenta, ya no se ve la luz. Ni se escucha ninguna esperanza.
Sucede de igual manera a como se fragua una ruptura de una pareja, o de cualquier relación. Surge hoy una desconfianza. Mañana, un malentendido. Al otro, una desilusión más. Y al final, el silencio atronador y frío. Ya no hay vuelta atrás. El ruido, como diría Sabina, ha acabado de invadirlo todo. Es el final, por mucho que nos empeñemos en volver atrás. No hay salida.
Si se leen las noticias, y se buscan las causas y no sólo las consecuencias o los meros hechos, uno es capaz de justificar casi cualquier acción humana, como en El Túnel, de Ernesto Sabato. El genial -y pesimista innato- autor argentino no se conforma con mostrarnos la crudeza de los hechos. "Soy Juan Pablo Castel, el hombre que mató a María Iribarne", creo que comienza la novela. Después de la fría realidad, Sabato indaga hasta el final los hechos y avatares que han conducido a Castel a cometer tal crimen y a dirigirse a nosotros con tal frialdad. Y, al final los encuentra: el protagonista se había adentrado en el túnel y ya no supo salir. A veces me pregunto cuánta gente hay metida en agujeros oscuros desde donde no ven la luz y me asusta pensar que puede haber en el mundo tanta miseria, tanta vida trunca.
Sucede de igual manera a como se fragua una ruptura de una pareja, o de cualquier relación. Surge hoy una desconfianza. Mañana, un malentendido. Al otro, una desilusión más. Y al final, el silencio atronador y frío. Ya no hay vuelta atrás. El ruido, como diría Sabina, ha acabado de invadirlo todo. Es el final, por mucho que nos empeñemos en volver atrás. No hay salida.
Si se leen las noticias, y se buscan las causas y no sólo las consecuencias o los meros hechos, uno es capaz de justificar casi cualquier acción humana, como en El Túnel, de Ernesto Sabato. El genial -y pesimista innato- autor argentino no se conforma con mostrarnos la crudeza de los hechos. "Soy Juan Pablo Castel, el hombre que mató a María Iribarne", creo que comienza la novela. Después de la fría realidad, Sabato indaga hasta el final los hechos y avatares que han conducido a Castel a cometer tal crimen y a dirigirse a nosotros con tal frialdad. Y, al final los encuentra: el protagonista se había adentrado en el túnel y ya no supo salir. A veces me pregunto cuánta gente hay metida en agujeros oscuros desde donde no ven la luz y me asusta pensar que puede haber en el mundo tanta miseria, tanta vida trunca.


2 comentarios:
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