lunes, mayo 15

el péndulo de foucault

Resulta difícil resumir, en un breve párrafo, el contenido de esta magna obra de Umberto Eco que me dejó muchas noches en vela. Sus intrahistorias, sus idas y venidas a los hechos más trascendentes de la humanidad, sus reinterpretaciones de los mismos son tantas, y tan variadas, que uno no sabe por dónde debe empezar a contarla. Porque las novelas son para contarlas, y para escuchar cómo nos las cuentan. El péndulo de Foucault es, en este sentido, una novela difícil, porque sus protagonistas, inventores o descubridores del gran Plan que hace que gire la historia de la humanidad, dominada por quienes mueven los hilos de los acontecimientos, repasan los grandes hechos de nuestro tiempo para filtrarlos a través de su teoría de la conspiración. Es así como surje la historia. Para los protagonistas de Eco no es como nos la han contado, sino que tiene multitud de matices y multitud de interpretaciones diferentes a la luz de su descubrimiento de un gran plan mundial trazado por una secta de dominadores.
Estos días he vuelto a pensar en el péndulo de foucault tras la lectura de la reinterpretación de la historia que se realiza desde el periódico El Mundo o desde la Cope. Los terroristas del 11 M, según su teoría de la conspiración, tenían hilo directo con ETA, y aunque en esos días el Ministerio del Interior y la CIA estaban en manos del PP, su investigación estaba dirigida para beneficiar políticamente al PSOE. Esta trama, que siguen alimentando los medios de comunicación de los obispos y el de pedro jota (¿sus actuaciones en la cama con Exuperancia sí son dignas de tomar la comunión y no una boda entre homosexuales?) sería digna de escribir una novela si no fuese por la charlotada de sus argumentos: el otro día abrían la portada a cinco columnas con un titular que decía "los terroristas de la furgoneta se dejaron una tarjeta del grupo mondragón", que la investigación desechó por ser una prueba insulsa. Según El Mundo, el grupo vasco Mondragón es un grupo empresarial ligado a ETA. Días después tuvimos la respuesta verdadera: la tarjeta no era del Grupo Mondragón, sino de la Orquesta Mondragón. Lamentable y digno de burla nacional.
Ahora resulta que Eduardo Zaplana, el que compró a una edil para ser Alcalde de Benidorm, el que fue grabado en conversaciones con empresarios pidiendo coches de lujo y dinero, el que se compró un pisito en la castellana que se ha demostrado que con sus ingresos a los demás no nos salen las cuentas, está siendo objeto, nada menos, que de una conspiración felipista (¿?) para denigrarlo, él que es el más honrrado de este país. Si no fuera porque sus argumentaciones, y las bases sobre las que se sustenta esta teoría son tan cutres y tan poco sostenibles como la ya mentada del grupo mondragón, o como lo que nos quieren hacer creer ahora que Terra Mítica es el mejor parque de España, creería que estos personajes son dignos de el péndulo de foucault. Sin embargo, a la vista de sus argucias, han de conformarse con ser como el Código Da Vinci, por mucho que a los obispos les molesten estas comparaciones.

2 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

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7:54:00  
Anonymous Anónimo ha dicho...

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