el viejo y el mar
Ayer estuvo por Alicante Gustavo Zerbino, y aunque su nombre no nos suene a nada, es uno de los supervivientes de una de las tragedias más espeluznantes que recuerda nuestra memoria, el accidente de avión en los Andes que tuvo perdidos a los maltrechos pasajeros que quedaron con vida 72 días entre un amasijo de hierros, nieve y amigos y familiares muertos. Sus reflexiones sobre liderazgo en la adversidad, obviamente, son interesantes, pero más destacable es, desde mi punto de vista, su sencilla pero arrolladora conclusión final: en todos los ámbitos de su vida ha sobrevivido porque ha sabido marcarse metas claras y seguirlas hasta el final. Incluída en la tragedia, donde la meta era, precisamente, sobrevivir.
En una de las epopeyas más emotivas de la historia de la literatura, El viejo y el mar, ese hombre "que hacía tres días que no pescaba nada" se empeñó en pescar el pez más grande que se recordara en el pequeño puerto marinero donde vivía, y su admirable empeño y su manera de mantenerse vivo en su lucha contra la adversidad, hizo posible que el viejo consiguiera su meta y sirviera de ejemplo para el niño que siempre creyó en él, aunque lo tomaran por loco.
La historia está repleta de héroes, algunos conocidos y otros no, que se empeñan en romper pronósticos y salir adelante, que consiguen logros que parecen inalcanzables o que sobreviven entre la mayor de las adversidades y su secreto es siempre su capacidad para conseguir fijarse metas y empeñarse en lograrlas a pesar de las dificultades.
Hoy el escritor e intelectual Francisco Ayala cumple cien años con todas sus capacidades físicas y mentales en plena forma y, ante las preguntas sobre su estado ha contestado que "ahora me marco metas por horas". Como el emperador Adriano de Margaritte Yourcernare, al final de sus días, despejaba incógnitas sobre su muerte y cambiaba su horizonte temporal, Ayala mantiene vivo su espíritu y lo adapta a sus circunstancias para continuar vivo en todos los sentidos. Y nosotros, desde nuestra gavia, tenemos que aprender día a día de todos estos viejos y de sus mares, de lo que nos dicen sus obras y de los que nos cuenta su empeño.
En una de las epopeyas más emotivas de la historia de la literatura, El viejo y el mar, ese hombre "que hacía tres días que no pescaba nada" se empeñó en pescar el pez más grande que se recordara en el pequeño puerto marinero donde vivía, y su admirable empeño y su manera de mantenerse vivo en su lucha contra la adversidad, hizo posible que el viejo consiguiera su meta y sirviera de ejemplo para el niño que siempre creyó en él, aunque lo tomaran por loco.
La historia está repleta de héroes, algunos conocidos y otros no, que se empeñan en romper pronósticos y salir adelante, que consiguen logros que parecen inalcanzables o que sobreviven entre la mayor de las adversidades y su secreto es siempre su capacidad para conseguir fijarse metas y empeñarse en lograrlas a pesar de las dificultades.
Hoy el escritor e intelectual Francisco Ayala cumple cien años con todas sus capacidades físicas y mentales en plena forma y, ante las preguntas sobre su estado ha contestado que "ahora me marco metas por horas". Como el emperador Adriano de Margaritte Yourcernare, al final de sus días, despejaba incógnitas sobre su muerte y cambiaba su horizonte temporal, Ayala mantiene vivo su espíritu y lo adapta a sus circunstancias para continuar vivo en todos los sentidos. Y nosotros, desde nuestra gavia, tenemos que aprender día a día de todos estos viejos y de sus mares, de lo que nos dicen sus obras y de los que nos cuenta su empeño.


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