miércoles, mayo 17

pedro páramo

A veces me sucede que, igual que Juan Preciado en la monumental novela de Juan Rulfo, confundo ficción con realidad, los sueños con los hechos, las conversaciones imaginarias con las que sí han tenido lugar. Es una sensación difícil de explicar, pero a uno le crea cierta inseguridad, cierta sensación de flotar, de vivir en un hilo. Como el que separa la vida de la muerte, en la fantasmagórica Comala de la novela de Rulfo.
Sucede esto cuando las cosas van tan deprisa que uno no tiene tiempo siquiera de detenerse a pensar en ellas. Activamos la mente y la memoria con tal aceleración que pensamos las cosas a la vez que las hacemos, o las pensamos un poco antes, y entonces uno puede llegar a confundirse. Anoche no podía dormir y mis pensamientos sobre los quehaceres y acontecimientos del día discurrían como un torrente de tal manera que, al despertar, en duermevela, no sabía qué conversaciones habían tenido lugar ayer y qué conversaciones había imaginado que ocurrían.
Al leer el periódico esta mañana se ha acentuado esa sensación: soñé o creí soñar que Eduardo Zaplana había comprado a una tránsfuga para acceder a la Alcaldía de Benidorm. El hijo de Maruja, la susodicha, todavía trabaja en Canal 9, creo, sin pasar ninguna oposición. O quizá lo soñé, ya no lo sé. Tampoco sé si escuche unas conversaciones en las que el mentado mártir perseguido de Zaplana decía que estaba en política para enriquecerse, y amén que lo ha conseguido, o eso creo que soñé. Y pedía un coche a un constructor, igual que luego pidió un pisito de más de 500 millones en la Castellana. Y el dinero se lo llevaban en bolsas, eso acá, en la Comunidad Valenciana, lo saben todos los empresarios que se precien y que se mueven por el mundillo, o ¿son sólo seres fantasmagóricos los que le acusan con pelos y señales?. Ya no lo sé. Leo El Mundo (que me perdonen mis amigos) y veo que es un hombre honrrado, que lo da todo por su patria, que nunca miente ni lleva relojes de 36.000 euros el más barato. Veo que el pobre está perseguido, y nosotros sí que somos unos delincuentes por acusarle. Y que me perdone Juan Rulfo: en su maravillosa Comala no debe caber gente como Don Eduardo. O sí. Allí también estaba el cacique del pueblo, un tal Pedro Páramo.

1 comentarios:

Blogger SB ha dicho...

Por ello la ficción es tan maravillosa. Los recuerdos pueden acentuarla, pero nunca han de traicionarla. Recordar no es otra cosa que reconstruir: lo saben bien Rulfo y Malraux.
"Un tal Pedro Páramo..." Esa frase nos remite a lo desconocido, y que por nuestro bien, desearíamos nunca conocer, como la Comala de Juan Rulfo.
Buen blog.

6:59:00  

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