mujer de rojo sobre fondo gris
En la que es, posiblemente, la más sentida novela de Miguel Delibes, el genial autor nos narra cómo, durante la larga y pesada enfermedad de su mujer, que finalmente la conduciría a la muerte, se ve incapaz de escribir nada. El escritor, reflejado en la obra por un pintor sin ideas para pintar cuadros, está vacío, exhausto, encerrado en un horizonte negro, sin futuro. En una de las escenas repetidas más bellas y sensibles de nuestra literatura, él baja del desván donde tiene su estudio, y, ella, postrada en la cama, consumiéndose, le pregunta: ¿qué, ya han bajado los angelitos?, en referencia a la diosa inspiración. Y él baja la cabeza y le dice que no, que no hay manera, que no hay nada en su desconsuelo.
Pero el día de la muerte llega. Y con él, la desaparición del ser amado. Y con ella, el vacío. Yo no sé cómo la gente es capaz de superar las ausencias que nos provoca la muerte. El escritor, recordando aquella figura de color rojo, único color sobre el fondo gris de aquellos días, comienza su febril tarea: y todos los angelitos bajan de golpe. Y escribe una magistral novela, en memoria de su amada. Y la recuerda a través de sus escritos. Y la vuelve a vivir de esa manera. Y deja para nuestra memoria todo su amor en forma de libro.
Muchas veces el presente es tan gris que uno no tiene fondo con el que escribir. La realidad zafia no inspira la creación literaria, ni la periodística. Uno se muestra hastiado de escribir de Zaplana, de Acebes y de Rajoy, de Pedro Jota y Jota Jota. Pero, de pronto llega la mujer de rojo. Ayer soñé con ella. Y con ella llega la esperanza. Y una luz se vuelve a abrir. Mañana hablaré sobre ella. La llaman Madame Africa.
Pero el día de la muerte llega. Y con él, la desaparición del ser amado. Y con ella, el vacío. Yo no sé cómo la gente es capaz de superar las ausencias que nos provoca la muerte. El escritor, recordando aquella figura de color rojo, único color sobre el fondo gris de aquellos días, comienza su febril tarea: y todos los angelitos bajan de golpe. Y escribe una magistral novela, en memoria de su amada. Y la recuerda a través de sus escritos. Y la vuelve a vivir de esa manera. Y deja para nuestra memoria todo su amor en forma de libro.
Muchas veces el presente es tan gris que uno no tiene fondo con el que escribir. La realidad zafia no inspira la creación literaria, ni la periodística. Uno se muestra hastiado de escribir de Zaplana, de Acebes y de Rajoy, de Pedro Jota y Jota Jota. Pero, de pronto llega la mujer de rojo. Ayer soñé con ella. Y con ella llega la esperanza. Y una luz se vuelve a abrir. Mañana hablaré sobre ella. La llaman Madame Africa.

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