el barón rampante
Casi sin querer, sin preverlo, he hecho coincidir la historia de Madame África con el día mundial del continente africano. Ayer, como un gong, volvieron a dar las cifras. Y resulta difícil que, entre la frialdad de los números, por muy escandalosos que sean, podamos intuir tanta miseria, tanta vida trunca, tanta desgracia. Acá, nos damos cuenta de lo que pasa en el piso de abajo cuando llaman, desolados, a nuestra puerta. Cuando los cayucos, o las pateras, o las olas del mar nos arrojan a centenares de africanos que buscan acá el paraíso que no merecieron perder. La solución del gobierno no me parece la más acertada: ampliar el número de barcos vigía, de helicópteros que visualicen cual águilas a los que intentan esca de la infamia no parece el enfoque más adecuado.
Quizá deberíamos hacer todos de vez en cuando como Cosimo, el barón rampante, que, harto de las injusticias de sus padres y de la imposición social y educativa de su condición de barón, se encaramó a un árbol, en un acto de rebeldía, y no bajó de él hasta el día de su muerte. Cosimo desde entonces tuvo otra visión del mundo diferente de la tradicional. Creó un mundo paralelo en los árboles y, desde allí, ayudó e intervino en los asuntos del mundo de abajo.
Y eso es, precisamente, lo que está haciendo Madame Africa, una española al frente de una pequeña ONG cuasi desconocida que, gracias a su visión diferente y a su trabajo sin descanso ha hecho disminuir hasta en un 70% la inmigración ilegal de Guinea Conacry hacia nuestras fronteras. Su método es el más sencillo pero el más eficaz: ella y su equipo han grabado un vídeo con la verdad. Lejos de presentar nuestro país y nuestra Europa como el paraíso donde todo es posible, ha enseñado a los africanos la triste realidad de lo que sería su vida en el cielo: la primera, las mafias que dominan y controlan los pasos en cayucos; la segunda el mar, con su dureza y su crudeza, y los centenares de cuerpos que, maltrechos, no llegan nunca a su destino final; la tercera, la llegada, la captura de los ilegales y su confinamiento en centros donde no se puede ver el sol; y la cuarta, para los que subsisten a las tres primeras, su futuro acá: sin trabajo digno, algunos condenados por las propias mafias que los han traído a la prostitución; ortos que no saben ni donde caerse muertos; los otros los explotados, trabajando bajo invernaderos a 50º de bochorno por sesenta céntimos al día...
Madame Africa y su equipo han ido allá a ayudarles y les han dicho la verdad: esto es lo que os vais a encontrar en nuestro paraíso. Mejor será que os ayude yo a crearos una tierra que os de de comer y donde no seais un estorbo que, a algunos les asusta, y otros respetan menos que a los animales. Ayer soñé con ella y me gustó su vida en los árboles.
Quizá deberíamos hacer todos de vez en cuando como Cosimo, el barón rampante, que, harto de las injusticias de sus padres y de la imposición social y educativa de su condición de barón, se encaramó a un árbol, en un acto de rebeldía, y no bajó de él hasta el día de su muerte. Cosimo desde entonces tuvo otra visión del mundo diferente de la tradicional. Creó un mundo paralelo en los árboles y, desde allí, ayudó e intervino en los asuntos del mundo de abajo.
Y eso es, precisamente, lo que está haciendo Madame Africa, una española al frente de una pequeña ONG cuasi desconocida que, gracias a su visión diferente y a su trabajo sin descanso ha hecho disminuir hasta en un 70% la inmigración ilegal de Guinea Conacry hacia nuestras fronteras. Su método es el más sencillo pero el más eficaz: ella y su equipo han grabado un vídeo con la verdad. Lejos de presentar nuestro país y nuestra Europa como el paraíso donde todo es posible, ha enseñado a los africanos la triste realidad de lo que sería su vida en el cielo: la primera, las mafias que dominan y controlan los pasos en cayucos; la segunda el mar, con su dureza y su crudeza, y los centenares de cuerpos que, maltrechos, no llegan nunca a su destino final; la tercera, la llegada, la captura de los ilegales y su confinamiento en centros donde no se puede ver el sol; y la cuarta, para los que subsisten a las tres primeras, su futuro acá: sin trabajo digno, algunos condenados por las propias mafias que los han traído a la prostitución; ortos que no saben ni donde caerse muertos; los otros los explotados, trabajando bajo invernaderos a 50º de bochorno por sesenta céntimos al día...
Madame Africa y su equipo han ido allá a ayudarles y les han dicho la verdad: esto es lo que os vais a encontrar en nuestro paraíso. Mejor será que os ayude yo a crearos una tierra que os de de comer y donde no seais un estorbo que, a algunos les asusta, y otros respetan menos que a los animales. Ayer soñé con ella y me gustó su vida en los árboles.

1 comentarios:
Me gustaría aprovechar tu estupendo artículo para invitarte a visitar una nueva Tira Cómica que sobre el asunto de la inmigración he publicado en mi blog:
Los politicos y la inmigracion ilegal
Muchas Gracias!
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