las indias negras
De todas las novelas del visionario Jules Verne, la que más me gustó siempre fue una poco conocida, las indias negras. En ella, el genial escritor describía un mundo subterráneo ajeno a la luz, húmedo, desconocido y peligroso. En él vivían unos seres intraterrestres que trajinaban lejos de los ojos de los humanos, y sólo los mineros, en la oscuridad y el silencio de sus túneles, tenían sospechas de que existían. De vez en cuando, por cualquier motivo, se hacían presentes en nuestro mundo, pero aquellos que los veían corrían el riesgo de ser arrastrados hasta las entrañas de su territorio en el subsuelo.
Con todo el follón este lamentable de la mafia de Marbella corremos el grave peligro de llegar a pensar que en todas partes se cuecen igual las habas. Que no hay político bueno ni constructor honrrado, ni secretario de Ayuntamiento ni técnicos que se dediquen simplemente a hacer bien su trabajo. Y, sin embargo, para mí lo de Marbella es como lo de las indias negras; un subsuelo de seres resbaladizos y ajenos a nuestro mundo, con la cara dura y el poco gusto de meter animales disecados hasta en el guardarropa de casa. Pero eso no quiere decir que toda nuestra vida política ni empresarial esté manchada por la misma lacra.
Que los túneles de ese submundo son largos, intrincados y laberínticos, estoy seguro. Que pueden llegar, por ejemplo, hasta Orihuela o Torrevieja, también. Que los mineros que trabajaban al lado tenían fundadas sospechas de la existencia de esos seres, no me cabe la menor duda. Y el caso es que en Marbella, como en la novela de Verne, los intraterrestres herederos de Gil han asomado muchas veces la cabeza. Su existencia era un secreto a voces. Aunque nadie sabía que sus movimientos fueran tan exagerados y cutres.
Pero no seamos cínicos: hubo un tiempo en el que esos subseres estaban bien considerados por la sociedad. Recuerdo a Jesús Gil, cual Robur el conquistador -por no salirme de Verne- tumbado con su panza en una piscina rodeado de despanpanantes mujeres a las que, creo, luego llevaría hasta su submundo. Y muchos le reían la gracia. Ahora, gracais a las fuerzas de seguridad hemos entrado en las minas, se ha hecho la luz, y nos hemos acongojado de ver esos túneles llenos de obras de arte y de animales disecados. Pero no. No en todas partes existen las indias negras.
Con todo el follón este lamentable de la mafia de Marbella corremos el grave peligro de llegar a pensar que en todas partes se cuecen igual las habas. Que no hay político bueno ni constructor honrrado, ni secretario de Ayuntamiento ni técnicos que se dediquen simplemente a hacer bien su trabajo. Y, sin embargo, para mí lo de Marbella es como lo de las indias negras; un subsuelo de seres resbaladizos y ajenos a nuestro mundo, con la cara dura y el poco gusto de meter animales disecados hasta en el guardarropa de casa. Pero eso no quiere decir que toda nuestra vida política ni empresarial esté manchada por la misma lacra.
Que los túneles de ese submundo son largos, intrincados y laberínticos, estoy seguro. Que pueden llegar, por ejemplo, hasta Orihuela o Torrevieja, también. Que los mineros que trabajaban al lado tenían fundadas sospechas de la existencia de esos seres, no me cabe la menor duda. Y el caso es que en Marbella, como en la novela de Verne, los intraterrestres herederos de Gil han asomado muchas veces la cabeza. Su existencia era un secreto a voces. Aunque nadie sabía que sus movimientos fueran tan exagerados y cutres.
Pero no seamos cínicos: hubo un tiempo en el que esos subseres estaban bien considerados por la sociedad. Recuerdo a Jesús Gil, cual Robur el conquistador -por no salirme de Verne- tumbado con su panza en una piscina rodeado de despanpanantes mujeres a las que, creo, luego llevaría hasta su submundo. Y muchos le reían la gracia. Ahora, gracais a las fuerzas de seguridad hemos entrado en las minas, se ha hecho la luz, y nos hemos acongojado de ver esos túneles llenos de obras de arte y de animales disecados. Pero no. No en todas partes existen las indias negras.

0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio