ilona llega con la lluvia
Curiosamente, desde que inicié este diario, nunca había escrito sobre las historias de éste que le da nombre, maqroll el gaviero. Las aventuras de este apátrida, de este ciudadano del mundo o, mejor dicho, ciudadano del mar; las desventuras de este ser solitario y soñador, emprendedor y melancólico, tienen, como todo en la vida, sus momentos buenos y sus momentos malos. Y en los peores momentos, cuando llueve, cuando amenaza tormenta en el puerto que sea, en el lugar del mundo que sea, siempre aparece Ilona.
Ilona es la mejor amiga de maqroll, y por eso siempre llega con la lluvia. Los amigos están para eso. Quien tiene un amigo tiene un ángel de la guarda, alguien que comparte sus sueños, sus esperanzas, sus decepciones y sus desesperos. Alguien que se preocupa por ti. Por las mañanas, cuando bajo al garaje antes que mi mujer y mi amiga, desde el último piso, me encargo de volver a mandar el ascensor para arriba para que ella no tenga que esperarlo cuando salga, cinco minutos después toda cargada, de casa. Es un gesto sin importancia que nunca le he dicho, ni pienso decirle. Pero supongo que, con esos pequeños detalles como no tener que esperar cargada al ascensor, le estoy facilitando la vida.
Los amigos son así. Muchas veces no sabes ni el gesto que han hecho para que tu vida sea más fácil, más cómoda, mejor. Nunca sabes cuándo han velado tus sueños. Pero siempre están ahí, incluso lejos, atentos a tus idas y a tus vueltas, dispuestos a ayudarte cuando vean que no puedes más. Y cuando llueve, de pronto, aparecen como Ilona. Decía Serrat que está convencido de que todos tenemos un ángel de la guarda. Yo creo que se refería a esos grandes amigos que, como Ilona, siempre aparecen cuando está lloviendo.
Ilona es la mejor amiga de maqroll, y por eso siempre llega con la lluvia. Los amigos están para eso. Quien tiene un amigo tiene un ángel de la guarda, alguien que comparte sus sueños, sus esperanzas, sus decepciones y sus desesperos. Alguien que se preocupa por ti. Por las mañanas, cuando bajo al garaje antes que mi mujer y mi amiga, desde el último piso, me encargo de volver a mandar el ascensor para arriba para que ella no tenga que esperarlo cuando salga, cinco minutos después toda cargada, de casa. Es un gesto sin importancia que nunca le he dicho, ni pienso decirle. Pero supongo que, con esos pequeños detalles como no tener que esperar cargada al ascensor, le estoy facilitando la vida.
Los amigos son así. Muchas veces no sabes ni el gesto que han hecho para que tu vida sea más fácil, más cómoda, mejor. Nunca sabes cuándo han velado tus sueños. Pero siempre están ahí, incluso lejos, atentos a tus idas y a tus vueltas, dispuestos a ayudarte cuando vean que no puedes más. Y cuando llueve, de pronto, aparecen como Ilona. Decía Serrat que está convencido de que todos tenemos un ángel de la guarda. Yo creo que se refería a esos grandes amigos que, como Ilona, siempre aparecen cuando está lloviendo.

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