lunes, septiembre 10

horizontes lejanos

Hace ya mucho tiempo que vi la película, pero, de vez en cuando, me acuerdo de aquel paraíso de sabios donde el tiempo no pasaba para los humanos. En el medio de la nada, atravesando grutas y montañas, en medio del himalaya, donde sólo los sherpas podían acceder, se hallaba Shangrila, o Sambalah, que el nombre es lo menos importante. Un lugar con un microclima para vivir, ni frío ni caluroso, donde el sol se alzaba por encima d elas nubes. Una vegetación exhuberante, y una fauna peculiar y amistosa. Y su gente: sabios de todo el planeta reunidos allí para meditar sobre el mundo, y desde sus reflexiones, conseguir un mundo un poquito mejor. Por eso, a pesar de tratarse del paraíso, lo importante de Shangrila era la actitud de la gente. Personas dedicadas a hacer el bien, con buen humor y buena educación, dispuestas siempre a ayudar a los demás. Evitando los conflictos y las malas experiencias. Personas pacientes. Esperanzadas. Imaginativas y sencillas. Conscientes de que les había tocado en suerte el paraíso y que no iban a estropearlo con su mala actitud.
He conocido personas que han hecho del paraíso un infierno y personas que, viviendo en el más burdo de los infiernos, han convertido su pequeño espacio en un verdadero paraíso. Si nos metieran a todos en Shangrila...

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