miércoles, abril 19

matar a un ruiseñor

En la fantástica y llena de sensibilidad novela de Harper Lee, vemos, otra vez a través de los ojos de una niña, Scout, el desenlace de una historia personal injusta y llena de prejuicios: la persecución de toda la comunidad blanca de un pueblecito a un ciudadano negro y pobre que es acusado injustamente de violación. Es una novela sobre la injusticia, una fábula sobre los desencuentros, una historia sobre cómo el hombre, escondido entre la masa de los demás hombres, es capaz de condenar a otro y de humillarlo, de echarle la culpa de todos los males y de convertirlo en una víctima más del sistema.
Buscar, entre el algaravío de la muchedumbre, al culpable de las desgracias colectivas, focalizar la ira y la frustración de los otros en una sola persona, que, por el motivo que sea, no se puede defender, es una costumbre demasiado extendida en la vida pública y en la política de hoy en día.
Ayer tenía la nostalgia del regreso. Hoy escucho con terror cómo un cargo público del partido popular trata de culpabilizar, de una manera u otra, al ministro del interior por la desgraciadas ciento ocho muertes esta semana santa en accidentes de tráfico.
Como decía Harper Lee, como practicaba su eterno personaje Atticus Finch, perseguir a alguien sin sentido, por el motivo que sea; esconderse en la desgracia ajena para atacar al otro, es como matar a un riuseñor. No hay mayor barbaridad entre la barbarie.

1 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

Estoy releyendo esa maravillosa novela, a raíz de la película Capote. Y he llegado a la conclusión de que el mundo sería un lugar maravilloso si hubiera cinco Atticus más. El problema es que los políticos jamás leeran ese libro. Y les encanta matar ruiseñores.

16:57:00  

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