viernes, mayo 5

el cuento de la isla desconocida

Un día, un hombre llama a la puerta del rey y le dice: "deme un barco". Y el rey le pregunta: "y tú, ¿para qué quieres un barco?". Y el hombre le responde: "para buscar la isla desconocida". Y el rey le dice: "no hay islas desconocidas, todas las que existen están ahí, en los mapas". Y el hombre le dice: "precisamente por esa razón, por que es desconocida, no está en los mapas, y como yo sé que aún así existe quiero encontrarla, por lo que necesito un barco".
Como sucede en el cuento de la isla desconocida, pequeño relato del genial Saramago, existen en este mundo dos tipos de personas: los que se conforman con el estatus quo existente, al juzgarlo la única alternativa posible, y aquellos que sueñan con algo mejor, con la utopía, y no cesan en buscar la forma, más allá de los mares, de mejorar las cosas.
Soñar con posibilidades imposibles a priori es creer en la fuerza y la voluntad humana. Si uno piensa que todo está hecho ya, que las cosas no cambiarán por mucho que se empeñe en lograrlo, posiblemente no se equivoque jamás, pero con su actitud no llegará a conseguir grandes reformas.
Las islas desconocidas están ahí, y tenemos la obligación de ir a buscarlas. ¿Por qué hemos de criticar al que, intentando mejorar la lamentable situación de su país, se empeña en actuaciones arriesgadas e impopulares a nivel mundial, pero, al fin y al cabo, lícitas vías para conseguir que su tierra salga adelante?.
En este primer mundo nuestro nunca he visto a nadie escandalizarse del saqueo que, potentes gobiernos y potentes empresas, con su capital por delante, realizan de los recursos humanos y naturales de la gente del tercer mundo. Llegar a Somalia y arrasar para llevarse todos sus diamantes; arrivar a cualquier país sudamericano para volar las minas y quedarse con todo el carbón, mientras la población esclavizada trabaja por tres cuartos de moneda, en condiciones paupérrimas, no está mal. Es lo que hay y es lo que existe en nuestro mapa del bienestar. Tratar de devolver a tu país el poder del gas, o explotar los recursos naturales de la manera que creas que es mejor para tu tierra, es una intromisión insoportable, para muchos. Para mí, es como ir a buscar la isla desconocida. El que emprenda ese viaje convencido de que está ahí, aunque no la encuentre, tiene todo el derecho del mundo a regresar de vacío, aunque desde acá todos se empeñen en que no emprenda nunca ese viaje.

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