jueves, marzo 2

a propósito de bender

Mi querido Román:
Me dices que me notas demasiado agrio en mis últimas reflexiones literato-políticas y tienes razón, como casi siempre. Sabes que toda mi vida he pecado de subjetivo -¿y quien no?- y que determinadas actitudes de la gente de acá y de allá me enervan el alma. Verás: desde mi posición de gaviero, allá arriba del mástil, el sol azota fuerte y endurece la piel, como al pescador que lucha contra los elementos en el viejo y el mar; la tramuntana te retumba en la cabeza y, en ocasiones, no te deja respirar; la sal del aire te agria los sentidos. En fin: sabes que no es fácil estar siempre al pie del cañón y no enfurecerte por algunas cosas. Pero te hago caso y trataré de ser más amable, y, de paso, cambiar de vez en cuando de tema, que tanto politiqueo me cansa hasta mí, aunque intente aderezarlo con novelas, películas y músicas maravillosas. Así que, amigo Román, cambio de registro y espero que la dureza del mar, como las ramas de los árboles, no me impida contemplar la belleza de las olas.

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